N.E.*: Huxley se hace realidad

Seis países firman un acuerdo para crear mensajes de bienestar social y felicidad mediante políticas públicas. En la coalición hay países de la Lista Mundial de Persecución al cristianismo (Emiratos Árabes, México y Kazajistán).

¿Y si en lugar de a través de Soma, la droga que Aldous Huxley describe en su novela Un mundo feliz para someter el pensamiento y la noción crítica de la realidad, la felicidad llegase al mundo a través de la política? Si es que no lo hace ya. Seis países, Emiratos Árabes Unidos, Costa Rica, México, Portugal, Eslovenia y Kazajistán, se han unido para crear la Coalición por la Felicidad. Una iniciativa que busca generar la producción mensajes enfocados al bienestar social desde políticas públicas. “De lo que se trata es de comenzar a repensar en la felicidad como uno de los objetivos del Gobierno”, ha explicado a la agencia EFE la responsable de la Unidad de Proyectos Especiales de la Jefatura de la Oficina de la Presidencia de México, Paulina Terrazas.

El propósito de este grupo de países que se definen a sí mismos como “los más felices” es, como poco, ambicioso. Y es que, según reconocen, y tal como explica el psicólogo Daniel Sazo, todo comienza por la definición del concepto de felicidad. “Si definimos la felicidad como la sensación placentera suscitada por un estímulo concreto en un momento determinado, podríamos decir que la es el estado que experimenta un individuo al comer un buen filete después de ocho horas de trabajo. Pero si se concibe como un proceso en el que el individuo logra encontrar un motor de vida que le permita trascender, desde ese punto de vista sería imposible que una entidad gubernamental lograse producir felicidad a nivel social, ya que lo que para algunos supondría un avance hacia esa meta trascendental, para otros sería un perjuicio”.

LA FELICIDAD; ¿UN BENEFICIO MERCANTIL MÁS?

Teniendo en cuenta que los países firmantes de la coalición se encuentran bajo el paraguas del capitalismo, al igual que la gran mayoría del resto de los estados en el mundo, su concepto de felicidad no puede evitar relacionarse, al menos en parte, con las bases que sientan los felices años veinte. El periodo de prosperidad económica que vivió Estados Unidos antes de la crisis de 1929 y en el que también se fundó el materialismo comercial y el consumismo de respuesta a una producción masiva. “Sentir felicidad a toda costa se ha convertido en un filón para las grandes empresas que, vendiendo felicidad a través de productos, han convertido al ciudadano en un consumidor que jamás logra tener suficiente”, defiende Sazo. “Creo que nos encontramos en una situación social paradójica en la que muchos se sienten felices en momentos determinados pero jamás satisfechos o realizados a largo plazo”.

Ahora, se ha firmado en Dubái un acuerdo para crear felicidad y garantizar el bienestar desde las políticas públicas. Algo que, según el politólogo Olaf Bernárdez, ya está implícito de por sí. “Desligar el bienestar ciudadano de la acción y el resultado político lo entiendo como algo perverso, pues han de estar siempre integrados”, reitera. Bernárdez pone como ejemplo una naranja de la cual se ha extraído su vitamina C y ahora se intentan vender alimento y nutriente por separado. “La idea de la coalición no tiene por qué ser mala en origen, pero puede pervertir y desvincular lo que tiene o debería de ser una política pública, donde el bienestar del ciudadano es su razón de ser”.

UN PERFIL DE ALGUNOS DE LOS PAÍSES INTEGRANTES

Emiratos Árabes Unidos, el país que ha acogido la firma de la coalición, es el único en el mundo que cuenta con un Ministerio de la Felicidad. Conocido por sus reservas petrolíferas, el estado ubicado en el Golfo Pérsico ha sido denunciado en repetidas ocasiones por Amnistía Internacional y figura en el puesto 40de la Lista Mundial de Persecución del cristianismo de 2017, elaborada por Puertas Abiertas. “El que la coalición nazca donde nace, y con el apoyo de inicio que tiene, me hace pensar que puede ser una medida más de lavado de cara que algo efectivo de verdad”, dice Bernárdez.

México está justo un lugar por encima de Emiratos Árabes en la misma lista de Puertas Abiertas. Según esta organización, el estado centroamericano registra prácticamente el mismo nivel de casos de violencia contra cristianos que Corea del Norte, que encabeza el índice y sólo lo supera por dos décimas. Lejos de resolverse, los ataques a las comunidades evangélicas y nativas provocan que este país aumente su puntuación negativa año tras año.

Kazajistán ya ha protagonizado antes otras noticias en Protestante Digital, también relacionadas con la persecución de cristianos. La última, publicada el mes de enero, tiene que ver con un proyecto de reforma de la Ley de Religión que aumentaría las restricciones y limitaciones de las minorías, como la evangélica. Protestante Digital ha contactado en varias ocasiones con la embajada española de la antigua república soviética pero no ha obtenido respuesta. Puertas Abiertas también incluye a Kazajistán en su Lista Mundial de Persecución de 2017, en el puesto 28.

Tres escenarios que de por sí representan un gran reto en lo que respecta a la difusión de una felicidad colectiva con garantías y que alcance a todos los sectores de la sociedad. “Las acciones que tome dicha Coalición dirán si esta propuesta es realmente relevante para los ciudadanos o si es un lavado de imagen de ciertos sectores políticos de algunos países”, señala Sazo.

¿Y LOS PAÍSES DE TRADICIÓN CRISTIANA QUÉ?

Los otros tres países que configuran esta coalición, Costa Rica, Eslovenia y Portugal, no figuran en la Lista Mundial de Persecución, pero están expuestos a otra serie de retos. Temas candentes como la corrupción, la protección del medio ambiente y los compromisos internacionales con otras potencias, así como morales, como el aborto o la identidad de género, sitúan a estos países en tesituras muy complejas a la hora de establecer unos parámetros de bienestar colectivo y felicidad. “Creo que no viene mal recordar que existen graves riesgos al dejar que una entidad política o estatal determine qué es lo mejor para sus ciudadanos. La novela de Huxley siempre estará ahí para avisarnos de que si algo tan subjetivo y ambiguo como la felicidad se convierte en un tema de estado, cabe la posibilidad de que un día nos veamos censurados por no colaborar o ser parte del progreso irrefrenable hacia la felicidad de la nación”.

El caso de Portugal es quizás el que más se asemeja a España. Ambos son países ubicados en la misma zona y con unas condiciones de vida, en general, bastante similares. Pero Bernárdez apunta, sobre todo, a una actitud política común, por la cual el estado español, igual que el portugués, podría entrar a formar parte de la coalición sin pena ni gloria. “El no estar no aporta o quita nada. El único problema vendría de la mano de hacer grandes declaraciones de intenciones que luego no se cumplen”, resalta el politólogo.

Habrá que esperar, sin duda, a ver de qué manera se mueve esta Coalición por la Felicidad y si suma nuevos apoyos. En tanto que la vitamina C no se puede separar de la naranja, las posibilidades y los recovecos del escenario en los que se puede generar bienestar social y felicidad son muchos. Si es que no se tiene ya, en parte, algo de todo ello. “A veces la búsqueda de la felicidad puede convertirse en una solución escapista ante situaciones que podrían ayudarnos a madurar si pudiésemos afrontarlas, sin evitarlas, a pesar de lo incómodo y emocionalmente doloroso que pueda ser. Si el objetivo último de una organización es dar felicidad a todo el mundo, creo que sería interesante preguntarse si realmente es necesario ser o sentirse felices las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana”, insiste Sazo.

Fuente: Protestante Digital

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* Noticias Externas (N.E.) – Asociación para la Defensa de la Libertad Religiosa (ADLR) comparte las siguientes noticias relacionadas con el mundo de la libertad religiosa en España y el resto del mundo como un servicio más a los lectores. La opinión reflejada en estos artículos son de fuentes externas y no representa necesariamente la opinión de la ADLR ni de sus integrantes. – Comunicaciones ADLR

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