N.E.*: El genocidio olvidado de los musulmanes Rohingyá

Mujer Rohingyá con niño en brazos

En la actualidad, cientos de miles de rohingyas viven en “campos de confinamiento”.

Existen muchos crímenes internacionales que pasan desapercibidos, sin que la prensa internacional se pare ni un solo instante a investigarlos o denunciarlos públicamente. De vez en cuando aparece algún artículo o algún video estremecedor, que tras un breve instante, acaba cayendo en el olvido.

Los rohingyá son una minoría musulmana, que viven en la costa bengalí de Arakan, desde, (al menos), la Edad Media. El estado de Myanmar, les arrebató la nacionalidad y pasaron a ser considerados apátridas y extranjeros en su propio país. Para Myanmar son inmigrantes ilegales bangladesíes. En el 2.012, estallaron disturbios cuando se acusó a miembros de la comunidad Rohingya, de la violación y asesinato de una mujer Radkhine, (la comunidad budista de Arakan). Como consecuencia de estos incidentes 90.000 personas fueron desplazadas de sus domicilios y el entonces presidente Thein Sein, presentó un plan para reasentarlos en el extranjero. La asociación “Grupo de Estudiantes de la Generación del 88”, calificó los hechos ocurridos de “actos de terrorismo que no tienen nada que ver con el islam o el budismo”. La Asociación Islámica Todo Myanmar condenó el “terrorismo y destrucción de vidas y propiedades de gente inocente”.

En la actualidad, cientos de miles de rohingyas viven en “campos de confinamiento”, donde dependen de la ayuda humanitaria internacional. La ONU ha advertido de la existencia de 3.000 niños malnutridos que corren el peligro de morir. Han sufrido graves restricciones en la libertad de circulación, en el matrimonio, en la educación y en la libertad religiosa.

Veintitrés activistas, entre los que se encontraban doce premios nobel, dirigieron una carta abierta al Consejo de Seguridad de la ONU, en la que, entre otras cosas, decían lo siguiente:

“En los dos últimos meses, una ofensiva militar del Ejército de Myanmar en el estado de Rakhine ha llevado al asesinato de cientos de rohingyas. Más de 30.000 personas han sido desplazadas. Se han quemado sus casas, violado a mujeres, muchos civiles han sido detenidos arbitrariamente y se han asesinados a niños… De acuerdo con un rohingya entrevistado por Amnistía Internacional, dispararon a las personas que huían. Ellos rodearon el pueblo y empezaron a ir casa por casa. Abusaban verbalmente de la gente. Amenazaban con violar a las mujeres.”

Aung San Suu Kyi, presidenta de Myanmar, (y también premio nobel de la paz), al ser preguntada por la persecución y discriminación de los Rohingya, contestó:

“Creo que hay mucha hostilidad, pero también se trata de musulmanes matando a otros musulmanes que sospechan de colaborar con la otra parte”.

El Comité Noruego del Premio Nobel debería exigir a Aung San Suu Kyi, que devolviera el galardón, después de que esta culpabilizara a las propias víctimas de los crímenes que sufren. Se podría decir que es un premio nobel manchado de sangre, ya que durante su gobierno se han realizado ejecuciones sumarias, violaciones, quemas de casas y asesinatos.

El monje budista Ashin Wirathu, cuyo rostro esta marcado por una insípida frialdad, que precede a su falta de sentimientos, ha justificado y alentado la persecución, discriminación y asesinato, diciendo:

“Hay evidencias históricas de que son inmigrantes ilegales venidos de Bangladésh con los británicos, y tenemos pruebas de que no han dejado de llegar. Pero no son capaces de coexistir en paz. Pagan a las mujeres locales para que se casen con ellos y se conviertan al islam. Y luego tienen muchos más hijos que los rakaines locales. Eso resta recursos a la población nativa. Además, son una comunidad violenta y endogámica que busca la segregación del resto de religiones. Persiguen la creación de un Estado islámico en Rakáin y luego esperan extender ese éxito al resto del país.

Una vez que se ha deshumanizado y estigmatizado a la víctima. Cualquier crueldad es justificable.”

Un campesino Rohingyá, relató:

“En nuestro pueblo, nos dispararon con armas de fuego desde helicópteros, y los soldados de Myanmar también abrieron fuego contra nosotros. No podíamos permanecer en nuestra casa. Huimos y nos ocultamos en la selva. Mi abuelo y abuela fueron quemados hasta la muerte. Todo nuestro pueblo fue quemado por los militares. No quedó nada”.

Ashin Wirathu no se diferencia demasiado del terrorista islamófobo Breivik, quien asesinó a 77 personas, porque según él, “…si tuviéramos que esperar 20, 30, 40 años, los noruegos étnicos y europeos serán una minoría”.

En otro momento del juicio a Breivik, por sus crímenes, dijo:

“Dígame de un país donde los musulmanes hayan convivido pacíficamente con los no musulmanes”.

Las ideologías de Ashin Wirathu, y la Breivik, son iguales de falsas y criminales, con la diferencia de que uno está encarcelado, (Breivik), y otro está en libertad, (Ashin Wirathu).

El político holandés Geert Wilders, defensor del populismo xenófobo, no dudo, en decir, “hay demasiada chusma marroquí en nuestra tierra”.

El tribunal que juzgó a Geert Wilders, le condenó por discriminación racial, pero “no le impuso ninguna sanción”, para el Tribunal era bastante con señalarle como “discriminador racial”.

Lo que ha sucedido en Myanmar, debería servirnos de ejemplo, para impedir que estas ideologías echen raíces y destruyan la paz social. En España existen leyes contra los delitos de odio, pero es necesario que se apliquen y que no se queden en papel mojado.

Muchos creían que cuando Hitler llegase al poder se moderaría y que la derecha conservadora le controlaría. Un grave error que condujo a la muerte a millones de personas y que sirvió para que por primera vez, se llevase a cabo el asesinato industrial en masa de seres humanos, en los campos de exterminio del Tercer Reich.

En lo esencial Ashin Wirathu, es otro Hitler, que ha sustituido a los judíos, por los rohingyas. Lo mismo que hizo Breivik, cuando asesino a los jóvenes social-demócratas para impedir una invasión de inmigrantes musulmanes. El espíritu de Hitler sigue vivo, no murió en el bunker junto a Eva Braun y su perro.

Fuente: Ángel Álvarez Hernández, WebIslam

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